Matrimonios comprometidos con la vida

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¿Después del matrimonio qué? Nada. Bueno, no sé. ¿Tener o no tener hijos? Lo correcto. Lo establecido. Lo que se exige. Lo que se solicita y se pide lo que se ruega y se clama a todos los cielos es tener hijos, claro. Un matrimonio los tiene. Los tiene que tener a toda costa, de forma natural o artificial, adoptivos o mediante vientres de alquiler. Es algo de lo que muchas personas no se quieren ver impedidas. Por lo menos no mientras se tenga vida y todo apunta que la vida será duradera. Por eso hay que tener hijos para quererlos, para que tengan una familia y porque el instinto maternal es demasiado grande, tan grande como en su momento fue el deseo de la boda. Y si no se puede tener la sociedad presiona. Pregunta. Algo pasa. Qué es lo que pasa. Cuántos hijos te gustaría tener es un juego al que a veces las niñas se avocan.

Juegan a los bebes como si los bebes de verdad fueran un juego. Pero qué pasa cuando los matrimonios se niegan a tener hijos, por voluntad y acuerdo de pareja a pesar de que él y ella tengan más posibilidades de tener trillizos que aquella pareja que lo viene intentando desde hace un año. La cosa cambia pero es una decisión personal que se debería respetar. Pero sigue sorprendiendo. Es como si mediante esa negativa, se estuviera negando también la supervivencia de la especie. Porque si esa pareja se rehúsa a tener hijos será porque no son partidarios de la vida. Será porque odian la especie. Porque son críticos con los que han decidido tener uno, dos hasta tres hijos. No necesariamente. Ellos, ese matrimonio que se niega por acuerdo mutuo a tener hijos lo hacen porque no quieren. No les da la gana. Han dicho no simplemente.

Muchas veces salió esa palabra de su boca. No. Así. Rotunda la negativa. ¿Hay algo más explícito en ese sentido? No es no. Uno se casa porque se quiere casar. Y uno no tiene hijos porque no le da la gana de ser mamá o papá. Porque supone muchas cosas. Perder la libertad por ejemplo. Un cambio drástico de vida. Dejar de dormir como se dormía antes. Olvidarte de la tranquilidad. Escuchar llantos a veces todos los días. Cacas y pises reemplazan a besos y caricias. Supone ver como se transforma tu carácter y el de tu mujer, entre otras cosas que para qué seguir mencionándolas si ya todo el mundo las sabe. Si ya todos los matrimonios que tienen hijos y los besan y los quieren lo saben. Y lo aceptan. Porque hay formas de vivir la vida.

Los días transcurren sin que uno se dé cuenta. La vida no vuelve a ser la misma. Y aquellos matrimonios que optaron por no tener hijos se dieron cuenta que no querían dejar de vivir como vivían. Pensaron primero si se sentirían capaces de soportar un cambio así de fuerte. Y sopesaron. Merecía más sin duda perderse la experiencia de la maternidad. Merecía la pena no ser padre nunca. Ser amigo de los amigos que son papás y regresar a casa tranquilo a pensar.

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